¿El queso es seguro para los gatos? Lo que hay que saber antes de compartirles un bocado

Aunque una pequeña porción no suele provocar una intoxicación, el queso no es un alimento adecuado para la dieta habitual de los gatos. La lactosa, la grasa, la sal y algunos ingredientes agregados pueden causarles diferentes problemas.
El aroma del queso puede despertar la curiosidad de muchos gatos y conseguir que aparezcan junto a la mesa en cuestión de segundos. Pero que quieran probarlo no significa que sea una buena opción para ellos.
El queso común no está considerado un alimento tóxico por sí mismo. Sin embargo, gran parte de los gatos adultos produce poca lactasa, la enzima necesaria para digerir la lactosa. Por eso, los productos lácteos pueden provocar vómitos, diarrea, gases o molestias abdominales. La ASPCA advierte que la leche y sus derivados pueden generar esta clase de trastornos digestivos en los felinos.
No todos reaccionan de la misma manera. Algunos podrían comer un trocito sin manifestar síntomas, mientras que otros presentan malestar incluso con cantidades pequeñas. El contenido de lactosa también cambia según la variedad: los quesos curados suelen tener menos que los blandos, pero eso no los convierte en un premio recomendable.
El problema no termina en la lactosa. Muchos quesos contienen niveles elevados de grasa y sodio, dos componentes innecesarios en una alimentación felina equilibrada. Si se ofrecen con frecuencia, aportan calorías adicionales y pueden favorecer el aumento de peso. Además, deben evitarse por completo las preparaciones que incluyan ajo, cebolla, hierbas, condimentos u otros ingredientes potencialmente peligrosos.
Los gatos son carnívoros obligados y necesitan una dieta formulada específicamente para cubrir sus requerimientos de proteínas, aminoácidos, vitaminas y minerales. El queso no reemplaza esos nutrientes ni ofrece una ventaja que justifique incorporarlo a sus comidas. Como regla general, los premios deberían representar una parte mínima de su alimentación diaria.
Los lácteos también pueden actuar como alérgenos en algunos animales. El Manual Veterinario MSD incluye a los productos lácteos entre los alimentos que pueden provocar alergias en gatos, con manifestaciones digestivas o alteraciones en la piel.
Si un gato sano roba un pequeño pedazo de queso, lo indicado es mantener la calma y observarlo durante las horas siguientes. Hay que consultar con un veterinario si aparecen vómitos reiterados, diarrea intensa, inflamación, decaimiento, dificultad para respirar o cualquier conducta fuera de lo habitual. También conviene pedir asesoramiento si consumió una cantidad importante o un producto con ingredientes desconocidos.
La conclusión es sencilla: un bocado accidental probablemente no sea una emergencia, pero el queso no debería convertirse en costumbre. Para premiarlo, existen snacks formulados para gatos que respetan mejor sus necesidades nutricionales.
